EL NUEVO ESCENARIO POLÍTICO

El desenlace del colapso catalán dará forma a la investidura española

  • La asamblea que celebra hoy la CUP en Sabadell decide algo más que la investidura de Artur Mas, el desenlace del enredo catalán influirá mucho en la investidura del presidente del Gobierno de España
El desenlace del colapso catalán dará forma a la investidura españolaLos diputados de la CUP Anna Gabriel (d), Benet Salellas (c) y Sergi Saladie (i) tras la rueda de prensa que han ofrecido hoy en el Parlament de Cataluña en la que han anunciado que convocarán su Asamblea Nacional decisoria sobre las negociaciones con Junts pel Sí (JxSí) y la investidura del presidente de la Generalitat, el día 27 de diciembre. EFE/Quique García. (Quique García - EFE)
Madrid 
27/12/2015 01:13 | Actualizado a 27/12/2015 06:57

Seguramente una de las mejores películas del prolífico Woody Allen –etapa europea– es Match point . Una historia londinense sobre la débil y azarosa frontera entre la buena y la mala suerte. Un pequeño detalle, un anillo de oro que debía ser arrojado al Tamésis y que cae en tierra firme tras topar con una baranda, cambia, en sentido equivocado, la investigación de un crimen atroz. Dice la voz en off: “En una partida hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red, y en una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte puede seguir hacia adelante, y ganas. O no lo hace, y pierdes”. Match point.

El 27 de septiembre del 2015, un diferencial de 4.487 votos en la provincia de Girona dio un diputado de última hora a la coalición podemista Catalunya Sí Que Es Pot (CSQEP), restando un escaño a Junts pel Sí, que aquel día pensaba ganarlo todo. Cuando el escrutinio estaba en el 80% –ese momento en el que las redacciones de los periódicos comienzan a tener prisa para cerrar las crónicas de la agobiante jornada electoral–, el marcador se movió. Y todo empezó a ser distinto.

Junts pel Sí bajaba de 63 a 62 diputados, situándose un escaño por debajo de la suma de los partidos que no habían incluido la independencia en su programa. Match point. La investidura del presidente de la Generalitat de Catalunya quedaba en manos de la CUP. Pocas personas eran capaces de predecir en aquel momento la inmediata transformación de la cancha política catalana en un laberinto inescrutable.

El pasado domingo, 20 de diciembre del 2015, un diferencial de 938 votos evitó que Podemos conquistase un acta de diputado en Ciudad Real, que acabo en manos de Ciudadanos. En caso de haber salido elegido Juan Pablo Wert, hermano del exministro de Educación y Cultura, Podemos contaría hoy con 70 diputados, que sumados a los 90 del PSOE y a los dos de Izquierda Unida, formarían un potencial bloque de 162 escaños, totalmente empatado con los 162 que sumarían el Partido Popular (123) y Ciudadanos (39, una vez descontado el diputado de Ciudad Real).

Novecientos electores manchegos podían haber fabricado un emocionante empate a 162. El hoy improbable pacto del PSOE con Podemos e Izquierda Unida sólo requeriría el apoyo de la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas, para lograr la investidura de Pedro Sánchez, con la imprescindible abstención del Partido Nacionalista Vasco, Esquerra Republicana, Democràcia i Llibertat, Nós (BNG) y Bildu. Ese diputado número cuarenta para Ciudadanos hace un poco más difícil la concertación de las izquierdas, que ahora necesitan el apoyo activo del PNV, o de los soberanistas catalanes, para intentar poner en pie una mayoría alternativa. Más que match point, ventaja para Mariano Rajoy (163-161), que lo tiene difícil, pero no imposible, como iremos viendo en las líneas que siguen.

Resultado complicadísimo en el Parlament de Catalunya. Resultado no menos complejo en el Congreso de los Diputados. Hay una curiosa similitud numérica en el espesor de ambos escenarios. Un 63-62 ha dejado la gobernación catalana en manos de la impredecible CUP, que hoy decide su posición en Sabadell. Un 163-161 deja la gobernación española en manos de un PSOE dividido, que probablemente no podrá articular una mayoría alternativa y deberá decidir entre la abstención en favor de Rajoy, la gran coalición, o la repetición de elecciones generales.

Una extraña cabalística empareja el laberinto político catalán con el nuevo y enrevesado escenario general español. La realidad es que ambas canchas están perfectamente comunicadas. Lo que hoy se decida en Sabadell tendrá una repercusión muy directa en la política española. La investidura inmediata de Artur Mas con el voto favorable de la CUP inyectaría presión en favor de una pronta investidura de Rajoy con la abstención socialista.

Si, por el contrario, la CUP decide mantener el veto a Mas, la consiguiente acentuación del marasmo catalán y la probable repetición de elecciones en marzo, podrían estimular el juego de ajedrez en el nuevo tablero español. Más intriga, más maniobras, más juego lento, y más posibilidades para una repetición de elecciones generales en mayo. Esto es lo que hoy se decide en la asamblea cupera de Sabadell, aunque algunos de sus actores no sean del todo conscientes de ello.

¿Habrá match point hoy en Sabadell? Tres mil quinientos setenta y siete militantes de la Candidatura d’Unitat Popular decidirán el destino inmediato de la política catalana, con la consiguiente repercusión en el escenario español. Ni los más viejos militantes del independentismo de izquierda podían imaginar una situación semejante hace un año. En Sabadell, Barcelona, Madrid y Sevilla se generan estos días ideas y materiales útiles para la más enrevesada de las series políticas de televisión. España está comenzando a producir complejidad política por encima de sus posibilidades.

Si hay investidura en Catalunya la próxima semana, veremos muy pronto en Madrid un vibrante llamamiento a la política de unidad nacional frente al “desafío catalán”, de nuevo dramatizado. En este terreno, la maquinaria propagandística del Partido Popular es rotundamente invencible. Si hay gobierno en Barcelona, la Moncloa no podrá estar muchas semanas en funciones sin sumergirse Madrid y buena parte de España en un ambiente de tensión y nerviosa incertidumbre. Los dos escenarios están perfectamente comunicados.

Si hay investidura en Barcelona, se aleja la hipótesis de repetición de elecciones generales, decae la difícil –por no decir que imposible– alianza de las izquierdas y gana peso la abstención pactada del PSOE para un gobierno de Mariano Rajoy en minoría.

En este contexto, las maniobras internas en el PSOE, orquestadas por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, con el apoyo de destacados dirigentes territoriales del partido, no han hecho otra cosa que debilitar objetivamente la posición socialista en el tablero. Un PSOE confuso, mientras Podemos se refuerza como la izquierda emergente en las grandes ciudades, capaz de utilizar, sin restricciones, un lenguaje de pacto con las nacionalidades, por decirlo con una expresión que figura en el artículo dos de la Constitución y que fue mencionada expresamente por Felipe VI en su discurso navideño. Por primera vez en mucho tiempo, en un discurso del Rey se hablaba de la España de las nacionalidades y las regiones. No habría que pasar por alto ese dato.

Con su estrategia pro nacionalidades, Podemos afianza posiciones en Catalunya, Euskadi, Galicia, Valencia, Baleares y Canarias, en detrimento de los socialistas. No parece que vaya a perder peso entre sus electores de Madrid, y comprime al PSOE hacia el Sur. Los del círculo morado aún tienen margen para ganar apoyos entre los 930.000 electores de Izquierda Unida.

El PSOE acaba la semana más débil de como la empezó, después de perder el domingo pasado 1,5 millones de votos y 20 diputados. El Partido Socialista se halla en el centro del tablero, pero una acumulación de debilidades puede convertir esa interesante posición en un infierno. Las maniobras de Susana Díaz contra Pedro Sánchez debilitan al secretario general y al partido en un momento táctico muy difícil.

Hoy, en la pista cubierta de atletismo de Sabadell, la pelota saldrá en busca del borde de la red.