Catalunya en el Congreso


 27/12/2015 01:01 | Actualizado a 27/12/2015 03:04

Como se preveía, el 20-D fue el reverso del 27-S. La comunidad catalana ha enviado al Congreso de los Diputados 47 parlamentarios. Y lo ha hecho distribuidos en tres bloques claramente diferenciados. Son netamente independentistas los de ERC (9) y DiL (8); partidarios de una consulta sobre la secesión los de En Comú Podem (12), y constitucionalistas los del PSC (8), Ciudadanos (5) y PP (5). Catalunya está, pues, muy pluralmente representada en el Parlamento español al que no ha aspirado la CUP, que, guste o no, ha demostrado una coherencia política incontestable. Sería interesante conocer a qué opción de las concurrentes el 20-D, además de a la abstención, fueron los votos cuperos del 27-S.

Con este retrato de la Catalunya política puede sostenerse sin duda alguna que el fracaso del independentismo ha sido de envergadura. Se comparen los resultados con las generales de 2011 (sólo CDC obtuvo entonces el 29,35% y 16 escaños, integrada en CiU) o con el 27-S cuando JxSí logró 1.628.714 sufragios y el 39,55%, cifras que sumadas a las de la CUP, se dispararon a casi dos millones de votos lo que representó el 47,8% de los ciudadanos que acudieron a las urnas.

La fuerte irrupción el 20-D de En Comú Podem –bajo el liderazgo retranqueado de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau– con 927.940 votos y el 24,74%, ha roto esquemas. Porque supone que una izquierda alternativa catalana se ha convertido en una fuerza condicionante del propio proceso al proponer otro diferente que implica el regreso a la pantalla que los separatistas habían pasado con rapidez: el llamado derecho a decidir. Según los dirigentes de Podemos, su pretensión es una España plurinacional en la que se formalice una suerte de autodeterminación de las naciones que comparten Estado. Y se apresuran a proclamar que ellos –Podemos– no desean en absoluto que Catalunya salga de España sino su mejor acomodo en ella tras una consulta sobre la secesión.

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Después de notables descalificaciones a Podemos por parte de Mas y de su partido, los independentistas tratan por todos los medios de que se considere a En Comú Podem como un sumando más del conjunto de fuerzas independentistas. Se trata de una manipulación porque la izquierda que representa Colau y los suyos apuesta –en la forma y en el fondo– por una hoja de ruta que nada tiene que ver con la de JxSí y la CUP. Podemos y sus confluencias se plantean su estrategia desde una perspectiva panorámica de España, en tanto que los secesionistas lo hacen desde otra exclusivamente catalana. La prueba de ello es que ­Podemos ha sido la primera fuerza ­política en votos en el País Vasco (absorbiendo prácticamente a EH-Bildu) y ha obtenido muy buenos resultados en Valencia con Compromís y en Ga­licia con la marca En Marea que ha ­incluido a nacionalistas e izquierda ­alternativa.

El abordaje político y constitucional de la cuestión catalana va a ser sus­tancial en el arranque de esta nueva legislatura. La opción radical de ERC y de DiL –basada en una secesión in­surreccional– carece de apoyos y el debate se dirime entre quienes apuestan por una reforma constitucional sin consulta específica en Catalunya (aunque sí en el conjunto de España para ratificar las modificaciones de la Carta Magna) y los que apoyan un ­referéndum exclusivamente catalán en el que propugnarían el no a la independencia.

Podemos –incluso sumados los escaños de los partidos nacionalistas– no tiene capacidad de bloqueo de una reforma de la Constitución (sólo la tiene el PP, sin necesidad de ningún otro apoyo), dato que hay que complementar con el hecho de que los populares disponen de mayoría absoluta en el Senado al que corresponde autorizar medidas de intervención gubernamental al amparo del artículo 155 de la Constitución.

El secesionismo ha quedado en la política general de España en una posición marginal, como actor secundario. Por varias razones: perdió el plebiscito del 27-S, registró una fuerte recesión electoral el 20-D y ha irrumpido un nuevo actor –Podemos– que enarbola el derecho a decidir que el independentismo catalán abandonó hace tiempo para apuntarse a la unilateralidad secesionista. El PSOE no puede aceptar los eventuales apoyos de las fuerzas independentistas y estas no están tampoco en condiciones de ofrecérselos, de tal manera que habrá que identificar cuidadosamente para qué concurren en el Congreso los diputados de ERC y DiL. En otras palabras, para qué ambos partidos se han reconectado con el legislativo español, uno de los poderes del Estado al que desafiaron el día 9 de noviembre pasado y del que pretenden la secesión. En Catalunya uno de los valores políticos que han saltado por los aires es el de la coherencia. Y en el conjunto podría estar pasando lo mismo.