Mas intenta ganar tiempo

Convergència cedió centralidad a ERC, luego a la CUP y ahora a Podemos-Colau, que se ha apoderado 

de la gran bandera transversal, la del referéndum. Ahora Mas intenta que la CUP le proporcione un año 

para refundar el partido

 Author Img DIRECTORA ADJUNTA
  
 
 27/12/2015 00:50 | Actualizado a 27/12/2015 07:03

Las elecciones del 20 de diciembre han supuesto un mazazo para las aspiraciones de Convergència de mantenerse como fuerza política nuclear de la política catalana. Para un partido que gobierna y que pretende ejercer el liderazgo del país, el cuarto puesto obtenido es poco halagüeño y debería activar todas las alarmas. Y, sin embargo, el partido ha corrido un tupido velo aprovechando el caótico mapa político surgido en el Congreso de los Diputados y la incertidumbre sobre el gobierno de Catalunya. La dirección reunida el día después de las elecciones evitó toda autocrítica y los presentes asintieron con su silencio. Convergència fía su futuro a varias carambolas –como la de hoy en Sabadell, donde se reúne laasamblea de la CUP– mientras va cediendo terreno de forma incomprensible.

La cúpula de CDC sostiene que su giro independentista se deriva del convencimiento de que la centralidad de la sociedad catalana se ha desplazado hacia ese eje. En virtud de esa premisa, Convergència, como partido referente de las clases medias, proporcionó credibilidad y vigor al independentismo, lo que tuvo el efecto colateral de encumbrar a ERC, impulsada también por el auge vector de la izquierda como consecuencia de la crisis. La condescendencia de los convergentes hacia la CUP ­también ha resituado a la formación ra­dical, que ha visto aumentado su apoyo social. El empeño de Artur Mas en pactar con la CUP su investidura otorga un gran protagonismo a los anticapitalistas, cuyo concurso deviene esencial. CDC no sólo ha contribuido a reportar centralidad a esas dos formaciones, sino que ­ahora hace lo mismo con el conglomerado forjado entre Podemos y Ada Colau.

El llamado derecho a decidir atrae a una mayoría contundente y transversal de catalanes, incluso de aquellos que no desean que Catalunya se convierta en un Estado independiente. Fue la bandera que Convergència enarboló durante un tiempo hasta que decidió saltarse esa fase y emprender una huida hacia adelante. Pues bien, ese espacio dejado por los convergentes lo ha ocupado Podemos-Colau. La alcaldesa de Barcelona se ha convertido en la gran defensora del referéndum hasta el punto de conseguir que Pablo Iglesias lo incluya en su programa. Pero además Podemos le ha robado también el estandarte de la plurinacionalidad al PSOE. Escamados por la experiencia de Zapatero y el Estatut, la nueva dirección de Pedro Sánchez y, por supuesto, los barones del PSOE, se han movido con actitud timorata y evidente recelo en este ámbito y, de nuevo, ese espacio lo ha copado Podemos, haciéndose con buena parte del voto de izquierdas en la periferia (con Madrid como gran excepción).

Podemos y Colau se han erigido en un factor nuevo y central en la política catalana. Y en un peligro más para Convergència, por mucho que sus dirigentes se empeñen en ese ejercicio pueril de sumar sus votos a los del bloque independentista para justificar un plan de ruptura que no dispone del suficiente respaldo social. Algunos dirigentes son conscientes de ello, pero la prioridad de Mas es ganar un año a toda costa. El apoyo de la CUP a la investidura del president supone tiempo. El tiempo imprescindible para rehacer el partido y preparar la sucesión.

La lectura detallada de la oferta de acuerdo realizada por Junts pel Sí a la CUP facilita varios meses de andadura con mucho ruido pero pocas nueces. La intención de Mas es salvar la investidura y aplicar los acuerdos de forma lo más cicatera posible. De hecho, puede limitarse a redactar proyectos y crear comisiones, como ya ocurrió con la creación de estructuras de Estado durante la anterior legislatura. Y los planes que precisan de inversión son difícilmente aplicables sin un nuevo presupuesto que la CUP no apoyará. La cuestión es ganar tiempo. Mas cree que dentro de un año podrá tener listo el partido que resurgirá de las cenizas de la vieja Convergència y un nuevo candidato a la presidencia de la Generalitat. Pero las consecuencias de un pacto con una fuerza política tan alejada en su proyecto económico, social y europeo de Convergència pueden ser imprevisibles. Tres mil quinientos cuperos decidirán hoy si comienza una legislatura con tintes de prórroga o si Catalunya vuelve a votar en un contexto de giro a la izquierda, agotamiento y máxima fragmentación.