28/01/2018 01:09 | Actualizado a 28/01/2018 03:46

La fanfarronada del chico que increpó e insultó a Puigdemont para conseguir lo que él consideró una gran victoria al hacerle besar la bandera española es el ejemplo más claro del tipo de fractura que se está produciendo en la sociedad española. Aunque la etiqueta se cuelga a la sociedad catalana y se viste de falsas características estereotipadas, la amenaza real se sitúa en las actitudes no democráticas –cuando menos con respecto al tipo de iniciativa y al lenguaje– del protagonista de esta noticia. Fractura que no puede ser otra cosa si uno de los lados se empeña en no aceptar ni el respeto a la diferencia ni la misma diferencia; no hablemos ya de un posible cambio de legitimidad en el tipo de régimen político o en la definición del país.

Una fractura que se quiere de todas todas por el lado unionista; cuando menos es el mensaje que uno puede extraer de la publicidad corregida y aumentada de esta o de otras gestas que se presentan como un estandarte del sentimiento de españolidad. Sentimiento que se define y se defiende como el único legítimo y posible.

La fractura podría no existir si se deja de alimentar desde el discurso de instituciones públicas de todo tipo –desde medios de comunicación hasta partidos políticos– que espolean y normalizan las actitudes fascistas de manera completamente irresponsable. Todo eso acompañado, como cortina de humo, por una multitud de voces que hablan –por no decir se inventan– un relato paralelo de fractura en Catalunya a partir de evocar al fantasma de viejos enfrentamientos identitarios entre gente de aquí y gente de fuera, catalanohablantes y castellanohablantes u otras adjetivaciones –ni las de izquierda-derecha sirven–, que ya no recogen –si acaso lo han hecho en algún momento– la realidad plural de nuestra sociedad y menos todavía la que ha puesto de manifiesto el proceso en sus sucesivas y multitudinarias acciones públicas.

Cada uno sabe cuáles son sus vasallajes, yo no quiero ninguno consciente y supongo que por eso no he besado nunca ninguna bandera, sea del tipo que sea; pero los inconscientes siempre me mantienen en alerta. Por esa razón, entre otras cosas, agradezco mucho al proceso independentista que me haya ayudado a romper los prejuicios y las prenociones existentes entre comunidades, porque este es un proceso que habla muchas lenguas y tiene todo tipo de procedencias.