“Lo que haga falta”

28/05/2017 01:31 | Actualizado a 28/05/2017 03:17

En torno a Mariano Rajoy se ha debatido durante meses (años) sobre la conveniencia o no de suspender la autonomía de Catalunya si avanzaba hacia la independencia, y se ha hecho sin que el líder del PP haya entrado nunca en el juego. Pero a diferencia de lo que pudiera pensar el presidente desde su atalaya de la Moncloa, el tiempo no lo cura todo y acostumbra a añadir obstáculos.

El Gobierno del PP intenta esta legislatura reconstruir su relato sobre Catalunya, si alguna vez lo tuvo. Se ha ganado algo de sofisticación, aunque la factura, siendo los mismos protagonistas, sea igual de tosca cuando se ejecuta desde ministerios como el de Defensa. En las últimas semanas se han alimentado dos líneas de actuación. La primera buscaba imponer la imagen de división entre ERC y PDECat en el Govern y situar las elecciones como elemento catalizador del proceso soberanista hacia el autonomismo clásico. La segunda pasa por convertir el manual de la Moncloa contra el referéndum en un guión a favor de la democracia. La conversión la ha facilitado la proliferación de documentos y versiones de la ley de desconexión. Un texto de fecha desconocida –el Govern lo sitúa hace un año atrás– y destino incierto –no hay independentista en el Palau que no matice su contenido sin desmentirlo– que permite ahora al Gobierno de Rajoy incardinar en su discurso términos como “golpe de estado” y “dictadura” sin que cunda el pánico. No se puede actuar contra un borrador de la desconexión, pero sí preparar el terreno y acelerar las respuestas. Esa fue la asignatura pendiente del gobierno en el 9-N.

El intercambio epistolar entre Puigdemont y Rajoy es un sprint en el conflicto y ha devuelto la política a formalidades del siglo pasado pero con consecuencias a velocidad de redes sociales. Desde Barcelona, Puigdemont ha puesto en marcha la cuenta atrás para convocar el referéndum y el vicepresidente Junqueras sostiene que la posición de la Generalitat es “conservadora, moderada y prudente”. Desde la Moncloa, Rajoy exhibe autoridad para borrar la etiqueta de inmovilismo con una respuesta en menos 24 horas. Garantiza que no va a permitir que se “liquide” el orden constitucional y, aunque prefiere “no adelantar acontecimientos”, su ministra de Defensa anuncia que el Ejecutivo del PP hará “lo que haga falta” para que no haya referéndum. “No le quepa la menor duda”.

En el bloque soberanista admiten que en Madrid trabajan con más efectividad que hace un año y, aunque el plan que conduce al referéndum se ha visto afectado por la rapidez de réplica de Rajoy –no esperaban noticias hasta el viernes y mucho menos una carta exprés–, sólo hay un camino. “Seguir…” ¿Es suficiente con la voluntad y la determinación del independentismo? Lo que falta es previsión estratégica, lamenta uno de los maestros de la audacia y la astucia del proceso soberanista. ¿Cuál será el siguiente paso tras anunciar fecha y pregunta? Es como si le pides al conejo que saque la cabeza cuando el cazador le apunta, responden. Pero, como Cospedal, se hará “lo que haga falta”.