Momento Catalunya

  • El sorprendente empate en la asamablea de la CUP es un homenaje póstumo a Salvador Dalí, que deja medio abierta la puerta a la investidura de Artur Mas, necesitado de un año de tiempo para recomponer fuerzas
Momento CatalunyaPrimera fila de la asamblea de ayer en Sabadell, con algunos de los diputados de la CUP en el Parlament (Jordi Play - Colab.LV)

Madrid 
28/12/2015 01:13 | Actualizado a 28/12/2015 08:07

La película Match point vuelve a ser sugerente diez años después de su estreno. La pelota que topa con el borde de la red y por un instante parece que no se decide por ninguno de los dos campos. Una metáfora útil para describir la oleada de incertidumbre política que comenzó hace unos años en Catalunya y que ahora alcanza a toda España. Una manera de explicar el dominio de lo imprevisible en la actual fase “radical democrática” de la crisis europea. Un posible augurio para la asamblea de la CUP celebrada ayer en Sabadell. Más de tres mil militantes de la izquierda independentista y anticapitalista reunidos en una pista cubierta de atletismo para tomar una decisión muy importante para la actividad política en Catalunya –para el denominado procés– y para la agenda española. Una imagen insólita e interesante para cualquier observador europeo. Un signo de los tiempos.

¡Caray con la pelota de Sabadell! Topó con el borde de la red, quedó congelada y rompió el guión de Woody Allen. Empate. 1.515 votos a favor de la investidura de Artur Mas, 1.515 votos en contra. Una primera lectura del resultado señala que el no fue preponderante en la CUP metropolitana y el sí mayoritario en la CUP comarcal. Tiene sentido. Sería un reflejo de fondo de las contradicciones catalanas realmente existentes. Un empate irónico y casi ampurdanés. La capacidad de la actual política catalana para generar situaciones insólitas y asombrosas es inagotable. Catalunya vive un momento astral que aún no ha sido suficientemente investigado. Como decía Salvador Dalí, el centro del universo se halla en la estación de Perpinyà.

¿Final de partida? No. El consejo político de la Candidatura d’Unitat Popular se reunirá el próximo 2 de enero –una semana antes de que finalice el plazo definitivo para la investidura del presidente de la Generalitat– para efectuar una lectura talmúdica del empate de Sabadell. Si optan por la solución salomónica, no resolverán nada. La CUP tiene diez diputados en el Parlament. Si cinco votasen a favor de la investidura de Mas y otros cinco en contra, el candidato Mas seguiría estando en minoría: 67 votos a favor, frente a 68 votos contrarios. En estos momentos es altamente improbable una abstención de los diputados podemistas, y menos aún de los socialistas, con el consejo federal del PSOE abierto en canal.

Artur Mas necesita, al menos, seis votos favorables de la CUP para ser reelegido presidente de la Generalitat. ¿Para proclamar la independencia de manera unilateral en los próximos 18 meses? No. Sólo los ingenuos, la señora Susana Díaz y algunas personas de buena fe que se resisten a contemplar con un mínimo realismo la descarnada e irónica evolución del cuadro catalán creen hoy eso. Catalunya se encamina a una agotadora prórroga de sus actuales incertidumbres, o a una repetición electoral en marzo que podría generar otro cuadro ingobernable.

Artur Mas necesita tiempo, un año como mínimo, para recomponer fuerzas, dejar definitivamente atrás el pujolismo y reorientar el rumbo de la política catalana en el marco de una situación española que también ha entrado en fase de alta incertidumbre. Es improbable que Mas renuncie en los próximos días a la investidura para imponer la repetición de elecciones. La situación creada es humillante para él, pero es un político resistente –lo ha demostrado– que suele tener bien identificados sus objetivos.

Un gesto de Junts pel Sí en los próximos días puede deshacer el empate de Sabadell en favor de la investidura. No es imposible, aunque en el interior de la estación de Perpinyà, donde se cruzan fuerzas cuánticas indescifrables, siempre puede pasar de todo.