La pantalla electoral

 Author Img DIRECTORA ADJUNTA
29/01/2017 00:56 | Actualizado a 29/01/2017 01:37

El plan independentista del Govern acaba de superar otra pantalla, en el lenguaje adoptado por los líderes del proceso. Aunque resulta difícil entender por qué son tan necesarios unos presupuestos autonómicos si en pocos meses se piensa culminar el salto a la independencia, lo cierto es que el president Carles Puigdemont los puso como condición inexcusable para continuar adelante. Y la CUP dio ayer su apoyo a las cuentas del 2017. Incluso sin aspavientos, agónicas votaciones ni insólitos empates. Así pues, el tramo final hacia el referéndum unilateral está expedito, salvo episodios imprevistos. La fecha oficial para la consulta es septiembre, pero es muy probable que sea antes del verano.

Nadie se atreve a asegurar que el referéndum se hará, pero sí que será convocado y que conllevará actos de desobediencia al Estado. Sus impulsores confían en que una gran movilización ciudadana en las calles obliguen a Mariano Rajoy a negociar sobre una consulta legal, pero la mayoría prevé que todo desembocará en unas elecciones a las que esperan acudir con una foto del Ejecutivo central retirando las urnas por la fuerza como cartel de campaña. El Govern no se saltará la pantalla del referéndum porque no habrá ninguna oferta alternativa de Rajoy a la que agarrarse, pero también porque la feroz disputa entre la antigua Convergència y ERC por el mismo espacio electoral les obliga a ir lo más lejos posible para demostrar arrojo ante el votante independentista, como en la carrera de Rebelde sin causa.

Los nervios están a flor de piel en el PDECat, que teme al sorpasso de Esquerra, pero los republicanos tampoco están tranquilos, puesto que los sondeos le vaticinan una distancia tan grande sobre los exconvergentes que, en caso de no producirse, no sólo resultaría decepcionante, sino que dificultaría las alianzas para gobernar. Así que la convivencia es cada vez más tortuosa. Los de Puigdemont se lamentan de que el president haya tenido que tomar las riendas de la negociación presupuestaria con la CUP, sometiéndose incluso a una moción de confianza, y acusan al vicepresidente, Oriol Junqueras, de ponerse de perfil. Incluso le recriminan que se escabulla de dar explicaciones sobre el caso del exjuez Santiago Vidal. Los republicanos, por su parte, reprochan a sus socios que busquen su descrédito de forma desleal.

Puigdemont y Junqueras en el Pati dels Tarongers del Palau de la Generalitat la semana pasadaPuigdemont y Junqueras en el Pati dels Tarongers del Palau de la Generalitat la semana pasada (Àlex Garcia Hoyuelos)

Las barbaridades que Vidal, ya exsenador de ERC, ha ido soltando en conferencias organizadas por la ANC en muchas poblaciones catalanas sobre ilegalidades que, según él, está cometiendo el Govern para preparar la independencia, han hecho saltar las últimas chispas entre los dos partidos. Mientras Esquerra subraya su diligencia a la hora de reclamar la dimisión de Vidal y la rapidez con que este ha renunciado al escaño (y se añade: “no como otros”), en el Palau de la Generalitat se destaca que fue la consellera Neus Munté la primera en dar la cara y no Junqueras.

En el marco de esta guerra de desgaste, la convocatoria del referéndum es la guinda del pastel. Cunden las especulaciones sobre quiénes sobrevivirán a las probables inhabilitaciones, mientras se hacen cábalas sobre las listas electorales. En el PDECat lo tienen más difícil después de la negativa a ser el candidato expresada por Puigdemont. Eso no significa que quede excluido de las listas. Es casi seguro que irá en una de ellas. En el entorno del expresident Artur Mas se está configurando una propuesta de tándem formado por Neus Munté y Santi Vila. La incorporación del conseller de Cultura pretendería compensar la fuga de votos moderados. Y la lista se completaría con el propio Mas y Puigdemont. Pero no todos en el nuevo PDECat están dispuestos a aceptar ese planteamiento.

En ERC cuentan con un líder indiscutido, pero también saben que Junqueras puede ser acusado penalmente por su implicación en el referéndum. Los republicanos han llegado a la conclusión de que sus votantes no entenderían que no se volcaran en la organización de la consulta unilateral, así que también dibujan escenarios en los que Junqueras pudiera ser inhabilitado. Puesto que el trámite judicial duraría meses, confían en que podría presentarse a las elecciones, aunque luego tuviera que ceder el puesto si la Justicia le apartara del cargo.

Tras el sí de la CUP, la siguiente pantalla es el referéndum unilateral, que puede convertirse en un gran acto de campaña, sobre todo si Rajoy pone de su parte.