Ni rastro del TC catalán

29/01/2017 00:54 | Actualizado a 29/01/2017 01:37

El Tribunal Supremo apartó a Santiago Vidal de la carrera judicial por redactar una constitución catalana en sus ratos libres. Sin toga ni puñetas, el exjuez hizo cábalas sobre su futuro con los dos pies en la política. Asesor de la conselleria de Justicia, aspirante a conseller, senador en el tránsito hacia la Catalunya independiente y, por qué no, candidato a presidir un tribunal constitucional catalán que velara por un texto que le costó la carrera. No podrá ser.

Vidal ha pagado caro sus frivolidades y ha puesto en evidencia algunas de las debilidades del proceso soberanista en la construcción de unas futuras estructuras de estado. No hace falta hacer listas de jueces afectos al independentismo para forjar una nueva planta judicial, como relataba el exsenador en sus conferencias, si no se es capaz de cumplir con el mandato legal existente para preservar las instituciones de autogobierno que deben derivar en estructuras de una Catalunya independiente.

Es el caso del Consell de Garanties Estatutàries, órgano que los estrategas del proceso soberanista sitúan como el embrión del Constitucional catalán. El mandato del presidente de la institución, Joan Egea, propuesto por CiU, y de Carles Jaume, nombrado a instancias del PP, expiró el 23 de noviembre del 2015. También está pendiente de renovación el puesto que ocupa Eliseo Aja, que accedió a la institución el 2009 nombrado por el gobierno de José Montilla. A ello se suma el cese hace unos días de Joan Ridao, exsecretario general de ERC, para ocupar una plaza como letrado del Parlament.

En el orden del día de cada junta de portavoces aparece el recordatorio de los nombramientos pendientes pero nadie en la Cámara catalana parece tener prisa por poner al día la institución, a pesar de que las cuentas están claras a la hora del reparto de sillas vacantes. PDECat y ERC han de proponer un nombre para su designación desde el Parlament y otro por el Govern, los republicanos además tienen en sus manos el relevo de Ridao, mientras que un nombre propuesto por Ciutadans substituiría al del PP. Un reparto sin discusión que puede situar por primera vez un representante de ERC en la presidencia del Consell.

Sorprende aún más el bloqueo de la situación cuando la oposición va a poner sobre la mesa de la institución las tres leyes de desconexión antes de su aprobación en el Parlament y, de manera inmediata, los presupuestos que la CUP se ha comprometido a votar. A no ser que el objetivo sea mantener las estructuras de Estado ya existentes en situación de incierta provisionalidad mientras se libra una batalla política paralela que nada tiene que ver con la independencia.

Mientras, el descrédito del Tribunal Constitucional es un argumento recurrente en el discurso del soberanismo. Es cierto que no hay tribunal que aguante la pérdida de confianza de la sociedad que pretende juzgar. Ni proceso independentista que resista un empacho de frivolidad. Con o sin conferencias de Vidal. Y ni rastro del Constitucional catalán...