Esperando a Puigdemont

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Bruselas
31/01/2018 00:29 | Actualizado a 31/01/2018 03:33

Colocar a Carles Puigdemont en el cartel de un acto tiene hoy en día mucho tirón en Flandes. En la sección local del partido nacionalista N-VA nunca se habían visto en una igual: su recepción de Año Nuevo congregó ayer a más de 400 simpatizantes y curiosos, 75 medios internacionales y 16 locales, flashes, cámaras... En la mesa de recuerdos, una estelada y muchos leones de Flandes, hermanados por el color amarillo. A la entrada, copa de cava gratis; cerveza de pago en la barra...

Puigdemont no fue ayer al Parlament, a la suspendida sesión de investidura, pero, hélas, tampoco apareció en Lovaina. A menos de una hora del inicio del acto, se anunció que –como se había advertido desde ayer– los “acontecimientos políticos en Catalunya” le impedirían participar, pero enviaría un videomensaje grabado.

Algunos asistentes se declararon decepcionados, pero comprensivos. “En Madrid no hacen más que ponerle trabas”, comentaba en voz baja, porque hablaba en el dialecto bruselense del francés, René Demol, un extraño ejemplar de militante de la N-VA: bruselense independentista, pero no neerlandófono, que en diciembre se fue con su bicicleta amarilla a Catalunya para apoyar la campaña de Puigdemont. Ayer acudió vestido para la ocasión: gorra y jersey con esteladas, camiseta amarilla y pantalones con las siglas del partido flamenco.

Unos metros más allá, ataviado con varias esteladas, estaba José Roca Cervera. “Yo he votado a Puigdemont”, contaba orgulloso a quien quería escuchar su historia este hijo de Badalona que llegó de niño con sus padres para trabajar en una fábrica de vidrio. La misma en la que trabajó la familia del destacado diputado ecologista Kristof Calvo, también de origen catalán, pero unionista. Roca, concejal de Boom, dejó la N-VA hace tres meses. Ayer iba a ver a Puigdemont. “No deseo la independencia de Flandes, esto es demasiado pequeño”, aclara. ¿Catalunya? “Bueno, España es muy grande...”.

La excusa para invitar a Puigdemont era explicar a los militantes de la N-VA “cómo conquistó la alcaldía de Girona a los socialistas”, una gesta que su anfitrión, el diputado Lorin Parys, de perfil progresista, aspira a repetir en Lovaina. Pero tras 90 días en suelo belga, Puigdemont es consciente de que no le conviene interferir en la política belga ni flamenca y pasó de puntillas por el tema: “No me corresponde dar consejos”, se excusó en inglés. En el vídeo, agradeció el apoyo recibido de los flamencos: “No es la causa de la independencia, es la causa de la democracia”, insistió.

Por lo demás, Puigdemont habló maravillas de la hospitalidad de Parijs y pasó la pelota al exconseller de Cultura Toni Comín, diputado por ERC. Aunque presente en la sala, Comín era quizás la persona menos indicada para hablar de la gesta de Convergència en Girona teniendo en cuenta que por aquella época él militaba en las filas del PSC.

“Toni es ya como de Lovaina”, dijo Parys al presentar al diputado, instalado en la ciudad, y comentar la amistad que han desarrollado sus respectivas familias. Quizás el agradecimiento y las afinidades personales llevaron a Comín a no medir bien el contenido de su discurso, en francés y de casi media hora, comparando el Estado español con el fascismo, tema resbaladizo en Flandes y más en los círculos de la N-VA, que agrupa a no pocos simpatizantes neonazis. Nadie rechistó. La sala estaba a rebosar, y no era el momento de entrar en detalles incómodos. “Nuestro éxito será el vuestro”, había dicho Puigdemont.