Es lo que ocurre

31/01/2018 00:33 | Actualizado a 31/01/2018 03:33

Es lo que ocurre cuando se intenta vulnerar un resultado electoral impidiendo que sea investido como president quien han escogido las urnas. Cuando se usa el poder y la amenaza para impedir el mandato popular, la paciencia se colma, las costuras de la sociedad revientan y entramos en un terreno inhóspito donde es imposible la política. ¿Realmente creen Rajoy y Sánchez que los catalanes se conformarán si no pueden tener de presidente a quien quieren de presidente? ¿Han analizado qué ocurrirá con Catalunya, de qué manera se puede tejer un territorio de mínimo consenso que nos lleve a alguna parte, vulnerando de esta forma la voluntad popular?

No creo que nadie pueda acusar a los catalanes de poca paciencia. El mismo proceso que derivó en los acontecimientos de los últimos tiempos empezó con la pausa y el consenso, aceptando las reglas de juego más estrictas, rebajando las expectativas, deglutiendo las renuncias cepilladas en las comisiones del Congreso, refrendándolo en las urnas y, a pesar de todo, doce jueces de un tribunal se cargaron la pausa, el consenso y los años de trabajo político para conseguir un territorio compartido. Y eso es lo que ocurrió cuando la decisión política avalada por parlamentos y urnas se destruyó en la oscuridad de los despachos, allí donde el poder guarda sus últimos cartuchos. Ocurrió que la paciencia se colmó, las costuras reventaron y se inició un camino de reivin­dicación refrendaria con mucha más determinación. Después se intentó negociar un paquete de medidas y una consulta no vinculante, y otra vez se quebraron los puentes y, por el camino, se despreció a los catalanes. Y en el suma y sigue, el resto de lo conocido: desde el simulacro de consulta que derivó en penas de inhabilitación y multas millonarias, hasta el 1-O con sus cargas policiales sobre la ciudadanía, los días que vivimos peligrosamente en el Parlament, el desenlace del 155 y la gente en la cárcel. Pero había más, y después de unas elecciones forzadas desde el Estado ahora no se puede ­investir a quien, por lógica electoral, debe ser el president.

Estatut nuevo y muro de contención; consulta no vinculante y muro de contención; petición de referéndum y muro de contención; 1-O y muro policial; líderes independentistas y muro carcelario; y muro tras muro, el intento desaforado de ahogar la voluntad popular de millones de catalanes. ¿Adónde nos lleva esto, más allá de la paciencia colmada, las costuras de la sociedad reventadas y el territorio de la política definitivamente abandonado? ¿Adónde lleva a Catalunya, pero también adónde lleva a España, más allá de dejar su democracia en los ­huesos? No parece que Mariano Rajoy consiga la victoria absoluta que per- sigue, y en el intento de dejar yermo el campo independentista, lo dejará ­yermo todo. Porque eso es lo que ocurre cuando se pisotean derechos, que la paciencia se colma y revientan las costuras.