Sentido trágico

31/10/2017 01:54 | Actualizado a 31/10/2017 02:45

Una de las tentaciones recurrentes del Estado es la de caer en la sobrexcitación épica, dotado el concepto España de un sentido teatral y trágico. Valle-Inclán dedicó su talento literario a retratar cáusticamente esa concepción de nación imperial, basada en el poder de la fuerza y revestida de mucha palabrería grandilocuente. En estos días atribulados, aconsejo ­leer su Martes de carnaval, una descarnada mirada del dios de la guerra (los militares de la época) tan sobrecargado de honor y honra como carnavalesco cuando se le desnuda de atributos. Valle-Inclán sabía que España se construía sobre un inmenso melodrama, con ribetes de hidalguía feudal, y su espejo cóncavo la deconstruyó con brutal precisión.

Ni idea de qué diría Valle-Inclán ahora, pero al escuchar al fiscal Maza amenazando con rebeldías, sediciones, décadas de cárcel, fianzas multimillonarias y el resto de la caballería viene al pelo la demoledora acidez del venerable gallego. Sólo faltaba leer el encabezado del informe oficial de la Fiscalía contra el president Puigdemont y otros altos cargos, “más dura será la caída”, para entender hasta qué punto el cerebro político ha dejado paso al dominio testicular. Es el “a por ellos” con la punta del miembro, es el “España no se toca”, es la Contrarreforma contra los liberales, es intentar resolver un conflicto político con la cárcel. Por supuesto, tienen el poder y amedrentan con él, hasta el punto de intentar la barbaridad ju­rídica de querer encarcelar treinta años a un líder democrático por un conflicto político. Y lo anima, por cierto, el partido más corrupto de Europa, cuyo escándalo de Gürtel ha sido considerado, por obra y gracia de la fiscal anticorrupción, una auténtica trama contra el Estado. Pero ya se sabe que la corrupción no es un problema para el reino.

En este punto estamos, con un conflicto político que ni está dominado ni va a estarlo por muchos grititos de Borrell y Arrimadas y mucha foto ­orgiástica de Iceta, todos ellos bien apiñados en el bonito artículo 155. Es cierto que el desaguisado es enorme: ocupación de las instituciones cata­lanas, persecución de sus representantes, anuncio de unas elecciones ­tuteladas por un Estado que está en clara guerra con el independentismo, lo cual deja las garantías en entre­dicho, además de dos líderes sociales en la cárcel desde hace 15 días, querellas criminales contra todo el Govern y… un president en Bruselas, no se sabe si en el exilio. Catalunya ha que­dado momentáneamente trinchada y en la retórica belicista tan propia del es­pañolismo pensarán que ha que­dado vencida. Pero esa idea parte de una mentalidad lineal, incapaz de leer los signos de la política, que siempre tienden al equívoco y a la comple­jidad. La jugada de Bruselas, por ejemplo, ¿se la esperaban? En cualquier caso, no sólo no ha habido jaque mate, sino que la partida justo empieza a jugarse.