España y el catalanismo

31/10/2017 01:54 | Actualizado a 31/10/2017 02:45

Si existe un caso catalán es porque hay un caso español”, dirán aquellos que han recorrido nuestra historia de arriba abajo y hasta el fondo, donde ya no se puede distinguir la historia de sus leyendas. Es en el siglo XX cuando se centra el colosal esfuerzo de dar sentido y salida política, económica y cultural al conflicto entre Catalunya y España. Hoy, la mágica y desgastada palabra conllevancia que expresara José Ortega y Gasset es una de las más recurridas expresiones para hacer llevable a los españoles el constante aguijoneo de la realidad política catalana sobre la política española. Cada nuevo reto catalán, como la Mancomunidad de Prat de la Riba, el iberismo de Francesc Cambó, el primer Estatut de Francesc Macià o el Estatut de Pasqual Maragall, han representado opciones que nunca han acabado de determinarse de forma óptima y han sido finalmente asimiladas por el propio Estado español que en su día las encumbró como posible solución. Pero uno de los grandes retos que tiene que afrontar el Estado español en Catalunya es convencer a un gran número de catalanistas que el proyecto de España ha de realizarse también desde Catalunya. Madrid no debe olvidar que para que el ca­talanismo asuma el proyecto de España como propio debe hacer una “gran heroicidad”, como indicó en su día Joan Maragall, para “vencer el impulso de apartamiento en que nació; vencer sus rencores y sus impaciencias, y vencer un hermoso sueño”.

¿Quién tendrá por fin el valor de hacer un proyecto nuevo para España? No hacerlo supone que el río subterráneo donde se forjan las nuevas sensibilidades políticas y que ha ido creciendo desde el hundimiento del Prestige, los atentados del 11 de marzo, la crisis económica del 2006, las movilizaciones del 15-M y el independentismo desborde el río visible del poder del Estado. La convocatoria de elecciones tiene el efecto de triunfar ­sobre el independentismo político de­teniendo su constante e ilegal forma de conducir sus intereses políticos. El 21 de diciembre es el momento clave para iniciar la recuperación, desde el catala­nismo, las instituciones catalanas. Quien tenga el valor de abrir el proyecto de España tendrá a su lado el catalanismo, capaz de “vencer un hermoso sueño”.